La cocina catalana se ha posicionado durante las últimas dos décadas como uno de los referentes indiscutibles de la gastronomía internacional. Gracias principalmente a la obra de los grandes chefs como Ferrán Adrià, los hermanos Roca, Carme Ruscalleda, Santi Santamaría, Jordi Cruz y tantos otros. Gracias a ellos, pero especialmente gracias también al movimiento más amplio que se ha despertado en el territorio entre los restauradores que, en general, han apostado firmemente por una cocina basada en los productos de proximidad, en el recetario tradicional y en la diversidad de producto, creando una veintena de colectivos de cocina que dibujan un mapa gastronómico del territorio repleto de texturas, rico en colores y diverso en sabores.

La Agencia Catalana de Turismo apostó ya hace años por la gastronomía como palanca de refuerzo de la singularidad del destino a partir del triángulo entre cocina, producto y territorio. Este fue precisamente el reto que presentó a IGCAT (Institute for Gastronomy, Culture, Arts and Tourism) para obtener la denominación como primera “Región Europea de la Gastronomía 2016”.

La presentación pretende profundizar precisamente en este modelo de promoción turística que, con la excusa de la gastronomía, pretende dar respuesta a los requisitos de la mayoría de destinos en la actualidad: un modelo de turismo sostenible y competitivo que persiga, ya no “más” turismo sinó “mejor” turismo. Más desestacionalizado, más desconcentrado, más diversificado y que genere mayor gasto.

La Plataforma de Regiones Europeas de la Gastronomía se ha convertido en un buen instrumento para fortalecer este efecto positivo que la gastronomía puede ofrecer a los destinos que se comprometen con su promoción.